La iglesia ha recibido de Jesús una misión concreta en una triple dimensión:
Anunciar y enseñar el Evangelio.
Buscar la santificación de todo el pueblo de Dios, a través de la celebración de los sacramentos.
Ser servidora de la humanidad acompañando al hombre en sus angustias, esperanzas y sueños.
En el cumplimiento de predicar y enseñar el evangelio durante más de dos mil años de historia, la Iglesia ha pasado por muy variados procesos de transformación, al igual la educación. Ha vivido muchas experiencias, abriendo espacios de diálogo y encuentro para poder estar a la par con las transformaciones de la sociedad. La iglesia en sus procesos de formación de los cristianos, ha tenido que romper paradigmas, pues ella influyó mucho en los contenidos éticos y morales de la sociedad.

Enfoque conductista: en este proceso de educación y enseñanza de la fe, vemos reflejado durante muchos años el enfoque conductista, todos en la Iglesia recibían los principios de la fe de manera pasiva y con el agravante de que nada se podía dialogar ni discutir, ya todo estaba escrito. La metodología que predominó en el proceso enseñanza-aprendizaje estuvo caracterizada por la memorización, asimilación pasiva de conceptos. Se aprendía para memorizar y tener una conducta ejemplar.
Cognitivista: también se vio reflejado durante muchos años el enfoque cognitivista, se llegó a la racionalización de la fe, la definición de los conceptos mentales, vinieron los maestros y doctores, predominó la conceptualización, la codificación de las verdades, la Iglesia única maestra y los que saben son los doctores, el pueblo se quedó en la Ignorancia.
Constructivista: en los últimos tiempos, sobre todo a partir del concilio Vaticano II (1962) la Iglesia ha roto varios paradigmas, como el de condenar a los que piensan distinto, por una actitud de diálogo, una educación moralista, por una más abierta y comprensiva, pero sobre todo el dar espacio de participación a los laicos, para que educados en la fe ayuden a construir en el mundo la Iglesia que Cristo quiere. Es aquí donde se ve el enfoque constructivista, pues el cristiano de hoy, participa, cuestiona y es creativo.